Jaque, desde el cerebro
con la sala divisada en dos partes,
una para el salón de trabajo;
la otra para que las falanges no se aburran,
o se aburran menos,
cuando, como es frecuente,
las noticias son leídas
por la boca de un periodista que te observa.
Y en el centro de la retina,
una cómoda con su primer cajón abierto.
Y encima de ésta, un televisor.
El periodista habla y habla y habla
y lo peor es que te mira a los ojos
como si te incluyera en sus pensamientos;
ni que fueran los verdaderos peluqueros de la muerte,
una pausa y ya volvemos.
jueves 29 de marzo de 2007
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